El camino incluyó la evaluación de sus credenciales académicas y unas 3.600 horas de formación práctica supervisada, además de la aprobación de seis exámenes. Exigió disciplina y la disposición de seguir aprendiendo y afrontar nuevos desafíos.
Hoy, más allá del logro profesional, Alejandro encuentra motivación en compartir lo aprendido, orientar a otros y contribuir a la formación de profesionales íntegros y éticos.
Su historia es una invitación para los graduados que sueñan con ejercer fuera del país: con preparación, constancia y ganas de aprender, es posible abrirse camino en otros escenarios. Y deja una enseñanza más: el conocimiento adquiere un valor especial cuando se comparte y se pone al servicio de los demás


